miércoles, 7 de marzo de 2012

Como extrañaba las montañas...



Portales de Córdoba.
El dinero comenzaba a escasear nuevamente, esta vez de manera inversamente proporcional a mis ganas de volver a meterme entre las montañas, demasiado tiempo de planicie, rutas rectas, calor y moscos (mosquitos). El paso por Catemaco y la región de los Tuxtlas fue apenas un amague serrano-montañés.
Mi salida del puerto me llevaba directo a la parte verdaderamente alta de Veracruz, yendo por la carretera libre 150 pasando por algunos pueblos antes de llegar a Córdoba como Medellín de Bravo, Cuitlahuac y Yanga que según la historia es el primer pueblo liberado y fundado (en el 1609) por una comunidad africana de esclavos que se liberaron de la corona española.

Catedral
Volver a ver montañas y nieve (aunque sea de lejitos) me remarcó aun más esas ganas de moverme, de seguir de pueblo en pueblo, me recordó que lugares como el puerto de Veracruz no valen la pena frente a lo que se venia.
La Ciudad Heroica de Córdoba, llamada así por su participación determinante en tiempos de la independencia y a algo más de cien kilómetros del puerto es un lugar con fuertes contrastes, tanto socioeconómicos como arquitectónicos que valen la pena ser tenidos en cuenta.
Cúpula de la Catedral de Córdoba.
Geográficamente, situada a la orilla de la cordillera madre oriental, tuvo desde siempre un papel importante para la región. La buena conexión con el puerto de Veracruz y el tipo de clima le permitieron desarrollar fuertemente la industria agrícola, sobre todo la producción del café. Tengo que decir (y sin intención de hacer publicidad) que el café de los portales es simplemente delicioso. Proliferaron los hacendados y con ellos no solo la clase alta, si no también la mas baja de todas. Hoy es algo que aun se sigue notando fuertemente, elevados niveles de vida en las zonas centrales y los olvidados de siempre en las periferias.
Arquitectónicamente hay mucho y muy variado para ver en esta Ciudad. Algunos de los puntos fuertes son la arquería (portales) que rodea al parque central junto a la Catedral, que con su cúpula revestida de azulejos poblanos (Talavera, supongo que más adelante en mi paso por Puebla podré hablar un poco mas de esto) y sus torres, las más altas del estado, se destacan con su presencia por sobre la arboleda. El trazado del parque y el palacio municipal conmemoran la batalla del 21 de Mayo de 1813 cuando fuerzas al mando de Agustín de Iturbide defendieron la Villa de Córdoba. Por este hecho es la denominación de Heroica que mencionaba mas arriba.
Figura mesoamericana.

Para redondear mi estadía en Córdoba y después de un rato largo de caminar algunas calles del centro, visité el museo arqueológico de la ciudad, donde se pueden encontrar piezas de la mayoría de las culturas mesoamericanas: Maya, Teotihuacana, Huasteca, Olmeca, Totonaca o Remojadas. Piezas de todo tipo, desde mascarillas, textiles, esculturas y herramientas en piedra, metates, molcajetes, moledores, puntas de obsidiana así como una replica de Mictlantecuhtli, el Señor del inframundo para varias de estas culturas. En otro de los sectores del museo se encuentran algunas piezas de las olimpiadas del ´68, el brasero de Tlatelolco y la antorcha olímpica. De todo un poco.

Brasero de Tlatelolco.
Al final de la jornada, primero una gasolinera y luego el cuartel de bomberos fueron los lugares perfectos para pasar las frías y lluviosas noches cordobesas. Al llegar al cuartel, los rostros de los oficiales no podían ocultar la sorpresa y quizás algo de admiración al escuchar cuando les decía que en esa pequeña moto venia viajando desde tierras tan lejanas. La charla continuó por un rato hasta que el radio, con el aviso de un incendio en un depósito de la ciudad dejó la plática para otro momento. Al otro día, antes de partir, después de saludar a cada uno y justo antes de subirme a La Rojita, uno de los oficiales, con quien casi no había charlado, se acercó y mientras me daba la mano, dejo en la mía un billete de 50 pesos mexicanos, “para que desayune algo” me dijo. Simplemente un gesto, más que un valor económico en sí.

Mural revolucionario en el palacio municipal de Córdoba.



Cosco (matepec)

Seño, vendedora de tamales en el parque de Cosco.
El día anterior a salir de Córdoba, mientras hacia un  intento de parche en el parque central, una señora que me compro unos aretes me comentó que ella y su familia eran de un lugar llamado Cosco, nombre que no había escuchado antes, me recomendó que vaya. Miré el mapa y me quedaba más o menos de paso en dirección hacia Xalapa para luego salir al df (Distrito Federal). No estaba mal.
Tome el desvío en Fortín de las Flores y a unos 25 kms ya estaba en Cosco, que en realidad, para llamarlo correctamente, debiera decir Heroico Coscomatepec de Bravo. Lo de Heroico y Bravo viene por la actuación de Nicolás Bravo y sus fuerzas insurgentes (parece el nombre de una banda de cumbia) en su intervención contra las fuerzas realistas en épocas de la independencia (1813).
Pico de Orizaba visto desde el parque de Cosco.
Por su parte, Coscomatepec proviene evidentemente de la españolizacion de un vocablo náhuatl. Coscomatepec = Kueskomatl (vasija para semillas cubierta por una jícara) + tepetl (que significa cerro). Era el lugar donde se encontraban los graneros de Moctezuma (último emperador Azteca) para casos de emergencia.
Cosco (llamémoslo así) se trata básicamente de un pequeño pueblo en lo mas alto de la carretera sobre la sierra Veracruzana, es el principal punto agrícola y comercial del municipio y lugar que algunos turistas toman como base para escalar el Pico de Orizaba y realizar el llamado turismo ecológico y de aventura.

Parche dominguero en Cosco.
Llegué el domingo justo para el parche en el parque central. La Pachamama nos regaló un hermoso día de sol, con mucha gente en las calles. La vida de los pueblos, en general, se articula alrededor del mercado, del parque central y de la iglesia. Estos tres elementos marcan el ritmo y el sentido de este tipo de lugares, social, arquitectónica y urbanísticamente hablando. Sobretodo los días domingos, en un país tan fuertemente religioso como lo es México, las iglesias (siempre frente a un parque a modo de atrio) se colman de gente que basan su actividad dominguera justamente en las misas y luego en caminar por el pueblo. Históricamente la piedra angular de todos los asentamientos fue el lugar religioso, haciendo las veces de elemento aglutinante y cohesión social. En el caso americano, ni hace falta decirlo, la iglesia católica fue la institución impuesta desde el preciso momento en que los usurpadores (ups, quise decir colonizadores) pusieron un pie en tierras del (para ellos) nuevo continente. 

Mercado en las calles.
A lo que iba, ya al otro día (lunes), Cosco es sede de un enorme mercado en las calles, el pueblo mismo se convierte en un gran tianguis (del náhuatl "tianquiztli" = "mercado") cuando los pobladores de los alrededores bajan con sus mercancías a negociarlas. Ropas, zapatos, artesanías, frutas, verduras, carnes, semillas y hierbas de todo tipo aportan aromas, sabores y colores que crean un ambiente difícil de olvidar.
En algún momento tendré que hacer una entrada especial para hablar solamente de las comidas
Aromas y sabores en el mercado de Cosco.
en las calles y de los mercados mexicanos. Es un tema aparte que hacen al ser mexicano.

Por la noche, arme carpa en la salida del pueblo bajo un techo de un puesto de comidas, pasé una de las peores noches de sueño del viaje, la incomodidad del piso húmedo y el frio de la altura serrana casi no me dejaron dormir. Me levante con las ultimas estrellas, el cielo apenas clareando y una vista única y privilegiada del pico de Orizaba como demostrándome que no hay cosas tan malas cuando luego la vida te recompensa con estas “pequeñas” cosas.
Prepare un café acompañado con pan que había guardado en mi mochila la noche anterior mientras aguardaba que el frio cediera y luego de algo más de una hora y media me fui sin rumbo ni destino premeditado.
A los pocos minutos de andar, una tormenta de esas que pocas veces se ve, me seguía los pasos. Logre evitarla los primeros kilómetros mientras tomaba las interminables curvas y contracurvas del hermoso camino por la  montaña que sale desde Coscomatepec. Momentos después, la lluvia ya caía a baldazos 
Amanecer en Cosco con el Orizaba a la vista.
sobre La Rojita y sobre mí. Completamente mojado pero con algo de suerte y aún sin entrar al pueblo ahí los vi, ahí estaban ellos, los que siempre aparecen cuando las papas queman (o cuando la lluvia empapa), cada vez que necesito una mano o cuando  las cosas se complican. Si señores, ellos: Mis amigos los Bomberos. 



Huatusco. Donde mis amigos los bomberos.

La Rojita y El Rojito.
Entre al predio del cuartel casi sin avisar y refugiándome bajo un tinglado de la tormenta que no retrocedía ni un paso. Baje de La Rojita chorreando litros de agua. Me atendió Miguel Ángel, uno de los oficiales que en ese momento estaba de guardia.
Luego de charlar un rato, y previa consulta vía radio al Comandante, me abrieron las puertas de su lugar, que sería también el mio los próximos días. Así fue que Huatusco, con los chicos del cuartel (Uriel x 2, Miguel Ángel, Juan Pablo, Oscar) y el comandante Luis Zamora, sin pretenderlo ni planearlo se convirtió, quizás por lo inesperado, en una de las escalas más agradables de los últimos tiempos.
Con ellos salí a conocer un poco el pueblo y los alrededores de Huatusco, con el Pico de Orizaba todavía a la vista, rodeado (por donde se mire) de plantaciones de café y visitando luego un trapiche donde se procesa la caña de azúcar obteniéndose el “piloncillo” de panela.

De izq. a der. La caña ya utilizada, la trituradora, al medio
atrás el horno, luego el motor.
Oscar, Miguel Angel, Uriel y el comandante Luis Zamora.

Volviendo del trapiche hacia el cuartel, en la camioneta del Comandante, éste me pregunto que cómo estaba de dinero, a lo que yo conteste casi sonriéndome y parafraseando al gran Inodoro Pereyra (personaje de historieta en argentina), “como siempre Luís, mal pero acostumbrao…”. Me comentó que había pensado en pedirle a los
Cañaveral azucarero camino al trapiche.
muchachos del cuartel salir a hacer un “boteo” para darme una ayuda. En general los cuarteles de Bomberos no reciben parte del presupuesto destinado a seguridad, en ciertos casos reciben algunos sueldos, y el resto (gastos generales, mantenimiento de las unidades, etc) se mantiene con cooperaciones, rifas y demás colaboraciones que en general vienen de la misma comunidad y/o de los comerciantes locales.
El “boteo” es una de las formas que ellos tienen de poder solventar gastos generales de mantenimiento. Consiste básicamente en salir a la carretera que pasa por el pueblo con unos botes (tipo alcancías con la ranura para las monedas) a pedir colaboración a los automovilistas.
Para mi fue una ayuda que por supuesto no esperaba e invaluable teniendo en cuenta lo complicado que venia el parche últimamente, con solo un par de escalas antes de llegar al df, este empujón bomberil fue tan oportuno como certero.

Partida de Huatusco.
Lamentablemente no pude despedirme personalmente del Comandante ya que la mañana que tenía pensado partir él estuvo de reunión en reunión. Una llamada telefónica para saludarlo antes de seguir viaje si bien para mi no fue suficiente alcanzo al menos para expresarle mis agradecimientos y buenos deseos.
Definitivamente este tipo de situaciones marcan momentos que realmente valen la pena en el viaje, sin planes, sin reservaciones pero con mucho sentimiento para compartir esos instantes, sean horas o días, lo importante finalmente es vivirlo.

Carteles ruteros y el Pico de Orizaba por detrás.

Café Veracruzano.



Parchando en Coatepec

Coatepec. Pueblo Mágico.
Otro pueblo mágico seria la próxima parada. Al menos eso pensaba llegando a Coatepec, a escasos diez kilómetros al sur de la capital Veracruzana, Xalapa.
El parche fue prioridad en esta escala del viaje. De todas formas eso no fue impedimento para ver algo de lo mágico de Coatepec. Septiembre es el mes de la independencia mexicana y si algo no falta en los parques, al menos los fines de semana 
es música, bailes, comidas y gente dando vueltas, no necesito más que eso.
Al ritmo del son jarocho transcurrieron los tres días que estuve, recorriendo el pueblo por las mañanas y parchando por las tardes-noches.
Son Jarocho en el parque de Coatepec.
Cuando el domingo terminaba y ya visualizaba mi partida hacia la capital para el otro día, hubo cambio de planes. Entre las personas que se acercaban a curiosear el parche, apareció un hombre preguntando por un malabarista que se suponía tendría que andar por el parque, al escuchar mi acento enseguida nos pusimos a charlar de los pagos Argentinos: futbol, asado y vino. La cuestión terminó en que me invito a pasar unos días a otro (futuro) pueblo mágico: Xico. Y como una invitación nunca se rechaza, sobretodo si es a último momento y mientras más cambie los planes, mejor, ahí fui. Arme carpa en una gasolinera y al otro día tempranito hice los doce kilómetros pasando por San Marcos de León y llegando al pequeñísimo centro del pueblo donde la gente se saluda a los silbidos… fiuuu fiiuuuu...

Cúpula y campanario. Coatepec.



Xico. Me fui silbando (no tan) bajito.

Una de las construcciones mas antiguas de Xico.
Gregorio, el personaje que mencioné en Coatepec y que me invitó a Xico, me recibió junto a su familia para conocer algo del pueblo y de su historia.
Hacia un tiempo atrás, no recuerdo bien donde, alguien me mencionó un lugar en donde la gente va por la calle saludándose con silbidos. Al llegar a Xico, no lo recordé hasta que empecé a escuchar ese sonido una y otra vez de forma cada vez más repetitiva. Mientras caminaba con Carlos, hijo de Gregorio, empecé a sospechar que estaba en el mero lugar de los saludos silbados. Minutos después, el mismo Carlos hacia lo propio con sus amigos pasando del saludo a tener casi una conversación (todo silbado) a veces a distancias en las que cualquiera lo haría a grito pelado.

Iglesia de Xico. Escenario principal de las
fiestas patronales (Xiqueñada).
Otra de las personas que tuve la suerte de conocer en este pueblo, es Manolo, tío de Carlos, quien me charló horas y horas acerca de la historia del lugar y de su propio árbol genealógico completo desde la llegada de los españoles, con personajes importantes en los hechos que hicieron a Xico y con un detalle y una precisión que cualquier historiador quisiera tener.
Después de festejar el cumpleaños de Carlos  y recorrer algunas cascadas y ríos dejé Xico vía Xalapa.
Pasándole de costado a la capital veracruzana y luego por el pequeño pueblo minero Las Vigas de Ramirez, el frio y el viento de la altura del altiplano comenzaban a sentirse con cada kilometro que avanzaba. Más tarde, pasando por Huamantla y Tlaxcala, los volcanes Popocatepetl (el famoso Popo) y el Iztaccihuatl me custodiaban mientras iba adentrándome poco a poco en el Valle de México.
Cada uno de los trecientos cincuenta y siete kilómetros que recorrí camino al df se hicieron interminables producto de la ansiedad y de la emoción misma de estar dando por logrado algo durante tanto tiempo solo imaginado. Esto que parecía ser un tramo más como muchos otros, quizás especial como algunos otros era ni mas ni menos
El Popocatepetl y el Iztaccihuatl. Camino al DF.
que llegar al centro de lo que fue el imperio Azteca-Mexica (pronúnciese meshíca), a lo que fue México-Tenochtitlán, casi nada.

Muchas cosas pasaron las siguientes semanas. Esas sensaciones y un montón de otras cuestiones acerca del distrito federal mexicano ameritan un capitulo aparte, o varios, por eso, mejor te lo empiezo a contar en la próxima entrada.


En el mirador de una de las quebradas que
llevan a las cascadas.


Mirá a la cámara querido...
En una de las cascadas de Xico.


jueves, 2 de febrero de 2012

Dos años que valen por mil...


O incluso podría decir que mucho más que un milenio. Mas de lo que pueda indicar el calendario, los momentos vividos no podrían ser mensurados en función del tiempo transcurrido, habría algo así como una desproporción en la ecuación tiempo-hechos.
No voy a hacer un recuento del viaje, para eso esta el blog, solo mencionare alguna cosa puntual, a su vez intentare no caer en lugares comunes y frases hechas. Más bien tratare de hacer algo así como una pequeña reflexión.
Pero vayamos por el principio, la realidad es que el viaje propiamente dicho de hecho cumple hoy, dos de febrero, dos años, pero el viaje mental, el viaje interior, es decir, el verdadero viaje lleva un lapso aun mayor.

Por aquellos tiempos (previos al viaje) me pasaba lo que a muchos, nada especial, la facultad, el trabajo, las horas de viaje perdidas en trenes y colectivos consumían mis días y mi vida a ritmos extremadamente frenéticos. A un lado quedaban la música, amigos, familia y vida social. La depresión y el desgano no tardaron en llegar, con diez exámenes finales por rendir, el panorama se tornaba por lo menos, oscuro, denso y por sobre todo, lejano.
Creo que no hubo un momento preciso en el calendario en el cual tomé la decisión, fue más bien una serie de hechos, situaciones y también porque no, frustraciones que fueron desembocando en lo inevitable.

Vamos al grano. Por un lado y en plan de desmitificar lo heroico de un viaje en moto Argentina-México (vuelta al mundo o llámese como quiera) simplemente tengo que decir que lo único necesario e imprescindible para hacerlo son Ganas. Desear algo con todas las fuerzas y claro, definitivamente ser un poco loco y soñador. Ni mas ni menos que eso, todo lo demás llega por añadidura, no me pregunten cómo, pero las cosas se van (o al menos así me sucedió, en ese caso tengo que decir que tuve mucha suerte) acomodando en su lugar. Supongo que mucha gente se siente identificado (por no haber podido) al ver a un viajero o trotamundo como a veces se nos suele llamar y sin pensarlo ponen a disposición su colaboración en la forma que sea, de todas formas, al margen de esto, en mi caso, sigo creyendo en las personas, en la bondad natural de las personas. El dinero por supuesto ayuda, sin dudas, puede cambiar ciertos aspectos de la forma del viaje, el hecho de disponer con un poco mas o menos de dinero hace que algunas cosas se faciliten, pero de ninguna manera puedo decir que disponerlo en cantidad es pieza fundamental a la hora de decidir emprender un sueño, cualquiera sea.

Por otra parte, nos pasamos la vida pensando en un mañana seguro, en un porvenir que cuando llega caemos en la cuenta de todo el tiempo perdido. Aspirar a una vida modelo, ahorrar, comprar, consumir, vestirse a la moda, mirar televisión y tener a mano el último celular se convirtieron en los cánones intocables de la vida actual. Esta tergiversación de valores es lo que irremediablemente nos esta llevando a situaciones, sobre todo sociales, cada vez peores.
Ahora bien, animarse a cumplir un sueño (como decía mas arriba) no es poca cosa y ahí quizás sí viene lo sobresaliente de la cuestión. Soltar todo y largarse. De eso se trata. Despojarse, pero no solo de lo material, si no también de la idea de lo material, de la idea de la ambición, del mental paradigma capitalista que tenemos en la cabeza del compre, use y tire, de lo desechable, de lo efímero, del ponerle valor económico a todo, entre tantas otras cosas. Dar el paso para dejar las cosas a las que uno esta tan naturalmente acostumbrado, la comodidad y la tranquilidad de un ingreso seguro y por supuesto, los afectos. Con esto último es donde realmente uno pone las cosas en la balanza, donde se puede sentir el peso y el costo de lo que se quiere hacer y es donde creo yo, hay que ponerse un poco egoístas. Me refiero a pensar en uno mismo, porque cuando lo hacemos, cuando pensamos en nosotros como lo que somos (personas) inmediata e inevitablemente empezamos a pensar en los demás como tales.

Viajar de esta forma, sin tiempos, sin apuros y sobre todo sin ataduras de ningún tipo, económicas ni contractuales, nos conecta nuevamente con nuestras raíces, personales, culturales, con las personas mismas sean del país, color o religión que sean, con la naturaleza y todo lo que ello implica. Ver un amanecer o una puesta de sol en el mar, un paisaje cordillerano, animales en su hábitat natural, un rio de montaña o una simple pradera así como contemplar el ritmo y el movimiento de la vida de un pueblo, de un mercado, con sus colores y sus aromas, ir por la calle saludando a los vecinos, desplegar una charla en el parque, no tener la necesidad de estar mirando por sobre nuestros hombros, es decir, dejar a un lado la paranoia de la ciudad.
Para esto, se hace necesario plantearnos un cambio en cuestiones que ni siquiera son tan radicales, cosas que son básicas y elementales pero que justamente por esta condición de elementalidad son dejadas de lado. Sonreir, saludar, hablar las cosas, salirnos un poco del mundo cibernético (Facebook, celular), volver a la vida social real, dar un abrazo, decir te quiero, demostrar mas, dejar a un lado los prejuicios. Amar. Cosas básicas realmente, nada nuevo.
La lucha es llevar adelante estos valores (y muchos otros) y por sobre todo, contagiar conciencias.
Definitivamente, esto se trata de hacer una revolución, primero, con uno mismo, hacer el cambio. Cambiar cuesta y duele, molesta y atemoriza aun sin saber que es lo que vendrá, porque el temor es justamente a lo desconocido aunque no haya forma de justificarlo. El acostumbramiento, la comodidad y el estancamiento provocan una parálisis emocional, ese temor infundado a moverse, a buscar nuevos rumbos, que no necesariamente tienen que ver con rumbos físicos, con nuevos horizontes. Muchas veces tiene que ver “simplemente” con nuevas perspectivas, nuevas formas de tomarse las situaciones o un replantearse a uno mismo, cuestionarse, más bien de eso se trata. Creo que la necesidad de cambio es algo innato del ser humano aunque en la mayoría de los casos esa necesidad se encuentre reprimida por el propio ritmo diario y todo lo que ello implica. De a poco vamos olvidando lo imprescindible de ese movimiento, de ese cambio de paisaje, del cambio de aire necesario para poder seguir en carrera.

Porque sentirse realmente libre una vez en la vida, conectarnos mas con la naturaleza y con nosotros mismos, creo que al final del día, de eso se trata el viaje (de la vida).

Si en estos dos años andando a alguien pude haberle por lo menos sembrado la semilla de la duda, creo que mi objetivo esta sobradamente cumplido.

sebas…

                             Guadalajara, Edo. De Jalisco, México. 02 de Febrero de 2012